30.01.2007 | Contratapa


Constructoras invierten para prevenir accidentes laborales

Alrededor del 1% de la inversión en proyectos inmobiliarios se destina a medidas de seguridad para los obreros. Las empresas buscan evitar demandas. El dinero que las desarrolladoras destinan en la prevención de accidentes para los empleados representa, en promedio, entre 0,5 y 1% del total de la inversión de un emprendimiento inmobiliario. Pero ese porcentaje puede subir 3 puntos más cuando se trata de obras de mayor magnitud, como pueden ser los desarrollos que se ubican en Puerto Madero.

 

Rubén Gueler, director de Coniseth, consultora de salud y seguridad en el trabajo, indicó a Bae que cada vez más las empresas constructoras están más conscientes de destinar dinero en esta área. "Saben que si no cumplen con los requisitos mínimos de seguridad pueden enfrentar juicios millonarios que atentarían contra su supervivencia", indicó.
El negocio inmobiliario nacional mueve, si se tienen en cuenta los proyectos lanzados entre el 2006 y este año, u$s4.000 millones. Por eso, se estima que el sector destina un promedio de u$s40 millones en el área de seguridad.
El cálculo se efectúa computando obras de 4.500 metros cuadrados, en las que trabajan un promedio de 30 empleados y en las que se invierten u$s3,5 millones. Pero cuando se trata de desarrollos de gran arquitectura, el porcentaje puede trepar hasta 4% del total.
Así lo confirmó Adrián Kaplansky, director de la desarrolladora Copelle, que se encuentra reciclando la tradicional fábrica Bagley en edificios de lujo, en Barracas. "En el proyecto destinamos u$s15 millones, y de ese total 3,2% es para seguridad e higiene, además de los sistemas de protección de obra", dijo.
Por su parte, fuentes de la constructora Caputo indicaron que para esta área se debería invertir no menos de 1,5% en seguridad e higiene.
Pero en este negocio existe mucha disparidad, sobre todo por la calidad de los productos en ejecución. "Es muy difícil fijar un promedio en este sentido porque el negocio es muy variado", destacó Diego Buraco, vicepresidente de la Cámara Argentina de la Construcción.
Sin embargo, para Gueler, el promedio destinado por las compañías al área de seguridad es todavía bajo respecto de otros del mundo. "Los norteamericanos destinan, en promedio, entre 2 y 2,5% al cuidado de sus empleados, mientras que en los países europeos ronda 2%", explicó.
Por ley, según lo establece el decreto 911/96, las empresas tienen que adoptar medidas de seguridad mínimas. Entre ellas, dotar al personal con los elementos de trabajo, como la ropa y los elementos de protección.
Además, existe una serie de documentaciones que hay que presentar ante la ART para paliar eventuales problemas por accidentes o enfermedades profesionales que puedan ocasionarse en la obra. Entre ellos, los más importantes son el aviso de inicio de obra y un programa de seguridad. Cuando la ART es notificada, está obligada a presentar un programa de visitas a la obra, para marcar su punto de vista respecto de la seguridad.
"Las empresas grandes, en su mayoría, tienen jefe de seguridad. En caso contrario, tercerizan el servicio con un estudio, consultora o profesional independiente", explicó Gueler.
Entre los gastos que las empresas deben afrontar se destacan la compra de ropa de fajina.
"Un equipo de trabajo cuesta entre 60 y 80 pesos, y lo ideal es cambiarlo cada semestre", destacó.
También se cuentan los gastos por los elementos de protección para el personal. Se contabilizan los botines o zapatos (que cuestan entre 50 y 80 pesos, y que hay que cambiar dos veces al año), guantes (entre 2 y 6 pesos), casco (entre 8 y 10 pesos) y anteojos (entre 6 y 10 pesos).
"Para trabajos especiales se utilizan arneses de seguridad, máscara completa, guantes químicos y mascarilla para polvo", informó el consultor.
Por último, también son importantes los costos que se derivan de la compra de los elementos de seguridad para la obra. Entre los productos más usados se cuentan los vallados, cintas de seguridad, conos, redes y sogas.
"El mercado está cumpliendo cada vez más y con mayor rigor estas medidas. Se espera que estos costos se encarezcan más en el largo plazo y las empresas puedan encarar esta inversión", dijo Gueler.
Los gastos por empresa en el área de seguridad e higiene llegan, si se toma como referencia una obra de 4.500 metros cuadrados con 30 empleados, a los 80.000 pesos. Este gasto se contabiliza en obras que tienen hasta dos años de ejecución.
En tanto, el dinero que cada empresa constructora destina a un empleado del sector es, en promedio, $111 por mes.
El sector de la construcción, según indicó Rubén Gueler, presidente de Coniseth, destina a la ART entre 8 y 9% de la masa salarial de sus empleados. "Un operario, que cobra hasta $900, está aportando unos $50 de seguro por mes", dijo. Otros sectores, como comercio o bancos, "están pagando entre 2 y 4%, porque en estas compañías los riesgos son mucho menores", agregó.
Estas normas de seguridad, si bien ayudan a evitar juicios posteriores por accidentes de trabajo, requieren de un gran esfuerzo por parte de las constructoras, ya que se suman a la catarata de gastos que deben encarar por obra ejecutada.
Ahora, además de este costo, los constructores que desarrollen nuevos proyectos, sobre todo en los barrios con mayores riesgo de colapso de sus servicios públicos, deberán afrontar estudios ambientales. Según datos del mercado, estos relevamientos, que deberán presentar ante AySA, pueden representar un gasto de entre 1 y 3% de la inversión total de los emprendimientos.
(Juan Martín Grazide para Infobae)

Rubén Gueler, director de Coniseth, consultora de salud y seguridad en el trabajo, indicó a Bae que cada vez más las empresas constructoras están más conscientes de destinar dinero en esta área. "Saben que si no cumplen con los requisitos mínimos de seguridad pueden enfrentar juicios millonarios que atentarían contra su supervivencia", indicó.
El negocio inmobiliario nacional mueve, si se tienen en cuenta los proyectos lanzados entre el 2006 y este año, u$s4.000 millones. Por eso, se estima que el sector destina un promedio de u$s40 millones en el área de seguridad.
El cálculo se efectúa computando obras de 4.500 metros cuadrados, en las que trabajan un promedio de 30 empleados y en las que se invierten u$s3,5 millones. Pero cuando se trata de desarrollos de gran arquitectura, el porcentaje puede trepar hasta 4% del total.

Así lo confirmó Adrián Kaplansky, director de la desarrolladora Copelle, que se encuentra reciclando la tradicional fábrica Bagley en edificios de lujo, en Barracas. "En el proyecto destinamos u$s15 millones, y de ese total 3,2% es para seguridad e higiene, además de los sistemas de protección de obra", dijo.
Por su parte, fuentes de la constructora Caputo indicaron que para esta área se debería invertir no menos de 1,5% en seguridad e higiene.
Pero en este negocio existe mucha disparidad, sobre todo por la calidad de los productos en ejecución. "Es muy difícil fijar un promedio en este sentido porque el negocio es muy variado", destacó Diego Buraco, vicepresidente de la Cámara Argentina de la Construcción.
Sin embargo, para Gueler, el promedio destinado por las compañías al área de seguridad es todavía bajo respecto de otros del mundo. "Los norteamericanos destinan, en promedio, entre 2 y 2,5% al cuidado de sus empleados, mientras que en los países europeos ronda 2%", explicó.
Por ley, según lo establece el decreto 911/96, las empresas tienen que adoptar medidas de seguridad mínimas. Entre ellas, dotar al personal con los elementos de trabajo, como la ropa y los elementos de protección.

Además, existe una serie de documentaciones que hay que presentar ante la ART para paliar eventuales problemas por accidentes o enfermedades profesionales que puedan ocasionarse en la obra. Entre ellos, los más importantes son el aviso de inicio de obra y un programa de seguridad. Cuando la ART es notificada, está obligada a presentar un programa de visitas a la obra, para marcar su punto de vista respecto de la seguridad.
"Las empresas grandes, en su mayoría, tienen jefe de seguridad. En caso contrario, tercerizan el servicio con un estudio, consultora o profesional independiente", explicó Gueler.
Entre los gastos que las empresas deben afrontar se destacan la compra de ropa de fajina.
"Un equipo de trabajo cuesta entre 60 y 80 pesos, y lo ideal es cambiarlo cada semestre", destacó.
También se cuentan los gastos por los elementos de protección para el personal. Se contabilizan los botines o zapatos (que cuestan entre 50 y 80 pesos, y que hay que cambiar dos veces al año), guantes (entre 2 y 6 pesos), casco (entre 8 y 10 pesos) y anteojos (entre 6 y 10 pesos).
"Para trabajos especiales se utilizan arneses de seguridad, máscara completa, guantes químicos y mascarilla para polvo", informó el consultor.

Por último, también son importantes los costos que se derivan de la compra de los elementos de seguridad para la obra. Entre los productos más usados se cuentan los vallados, cintas de seguridad, conos, redes y sogas.
"El mercado está cumpliendo cada vez más y con mayor rigor estas medidas. Se espera que estos costos se encarezcan más en el largo plazo y las empresas puedan encarar esta inversión", dijo Gueler.
Los gastos por empresa en el área de seguridad e higiene llegan, si se toma como referencia una obra de 4.500 metros cuadrados con 30 empleados, a los 80.000 pesos. Este gasto se contabiliza en obras que tienen hasta dos años de ejecución.
En tanto, el dinero que cada empresa constructora destina a un empleado del sector es, en promedio, $111 por mes.
El sector de la construcción, según indicó Rubén Gueler, presidente de Coniseth, destina a la ART entre 8 y 9% de la masa salarial de sus empleados. "Un operario, que cobra hasta $900, está aportando unos $50 de seguro por mes", dijo. Otros sectores, como comercio o bancos, "están pagando entre 2 y 4%, porque en estas compañías los riesgos son mucho menores", agregó.

Estas normas de seguridad, si bien ayudan a evitar juicios posteriores por accidentes de trabajo, requieren de un gran esfuerzo por parte de las constructoras, ya que se suman a la catarata de gastos que deben encarar por obra ejecutada.
Ahora, además de este costo, los constructores que desarrollen nuevos proyectos, sobre todo en los barrios con mayores riesgo de colapso de sus servicios públicos, deberán afrontar estudios ambientales. Según datos del mercado, estos relevamientos, que deberán presentar ante AySA, pueden representar un gasto de entre 1 y 3% de la inversión total de los emprendimientos.
(Juan Martín Grazide para Infobae)




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