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Los
cursos de ética y responsabilidad social en las
universidades son indispensables
Los escándalos empresariales demostraron que hacen
falta herramientas para lograr gerentes honestos
La sociedad americana sigue discutiendo activamente sobre
las causas del caso Enron. Sin llegar al fondo de ellas
será difícil prevenir situaciones similares.
La alta gerencia de Enron, una de las principales empresas
de la economía americana, con la complicidad de
Arthur Andersen, una de las más importantes empresas
auditoras del mundo, perpetró todo tipo de acciones
delictivas.
Hicieron perder sus ahorros a millones de pequeños
accionistas, robaron virtualmente sus fondos de pensiones
a los propios empleados de la empresa obligándolos
a invertirlos en acciones de la empresa que sabían
estaban destinadas a perder todo valor, engañaron
a clientes y proveedores y casi destruyen la credibilidad
de todo el sistema financiero vital para la economía.
Enron no fue un caso aislado. Se sucedieron otros similares
en corporaciones muy importantes como World Com, Tyccon
y Health South Corp., y hay ahora acusaciones de fiscales
de varios estados a maniobras ilegales de bancos de inversión,
analistas de bolsa y fondos mutuales. La cuestión
es: ¿qué está fallando?
Los ejecutivos de Enron, en muchos casos, habían
cursado los mejores master in business administration
(MBA) de EE.UU.; su educación gerencial era impecable.
Además, no eran precisamente necesitados. Sus paquetes
remuneratorios los ubicaban entre los ejecutivos mejor
pagos de EE.UU. Entonces, ¿qué pasó?
Evidentemente, había una falla ética de
grandes proporciones.
Un prominente pensador americano, Amitai Etzioni, formuló
agudos interrogantes respecto de las causas de esta falla.
En un impactante artículo, publicado por The Washington
Post, relata las resistencias que encontró siendo
profesor de algunos de los más afamados MBA para
que se enseñara ética. Se veía como
superflua e innecesaria. Las consecuencias fueron que
la enseñanza fue muy débil. Al enfatizar
en la enseñanza el lucro y otros objetivos similares,
sin desarrollar las responsabilidades comunitarias del
gerente, se producen incentivos perversos.
Algunas respuestas
Etzioni menciona que un estudio del Aspen Institute sobre
2000 graduados de escuelas de negocios del país
examinó la actitud de los estudiantes cuando ingresaban
en el MBA, al terminar el primer año y al graduarse.
Los resultados mostraron que su perfil ético en
lugar de mejorar se deterioraba. Las principales reclutadoras
de ejecutivos han reaccionado rápidamente a estas
situaciones. La encuesta de The Wall Street Journal/Harris
dice que el 84% de los reclutadores manifiesta que la
ética personal y la integridad son ahora atributos
muy importantes para elegir gerentes.
Hay una enérgica reacción en las escuelas
gerenciales. Harvard lanzó un curso en profundidad
sobre ética llamado "Liderazgo, gobernabilidad
y rendición de cuentas". También está
pidiendo a los aspirantes contestar en sus ensayos cómo
tratarían un dilema ético La Universidad
de Columbia, por su parte, adoptó un ambicioso
currículo ético obligatorio, ofrece cursos
electivos y plantea estudiar problemas éticos en
diversas materias. Y así programa analizar preguntas
como: ¿es ético vender productos legalmente
permitidos pero peligrosos? o ¿al fijar precios
no se deberían utilizar criterios de juego limpio?
Algunas reclutadoras de personal sugieren que sería
aún más efectivo pedir a los estudiantes
servicios comunitarios como un requerimiento. Richard
L. Schmalensee, decano de la escuela de gerencia del MIT,
Sloan, ha propuesto un juramento hipocrático del
gerente. Dice que su espíritu debe ser transmitir
a los candidatos que quieren ingresar en la prestigiosa
escuela que "si usted está interesado sólo
en ganar dinero, MIT Sloan no es el lugar para usted.
Pero si usted está buscando aprender vías
creativas para fundar y gerenciar organizaciones complejas
de un modo que ayude a la sociedad y cree riqueza, eso
es lo que ofrecemos".
Ciertamente, los valores éticos deberían
enseñarse desde los primeros estadios educativos
y en el ámbito familiar. La sociedad toda debería
jerarquizarlos y cultivarlos. Haberlo hecho así
es parte de la explicación principal de por qué
un país como Finlandia no tiene corrupción
y es el líder mundial de la tabla de Transparencia
Internacional. Lo mismo sucede con el bloque de países
nórdicos (Noruega, Suecia, Dinamarca e Islandia).
Sin embargo, la responsabilidad de las escuelas o facultades
donde se preparan gerentes es clave. Por otra parte, no
se trata solamente de enfatizar que no se debe caer en
corrupción. También hay que educar para
la responsabilidad social empresarial.
Ese concepto se ha ido ampliando cada vez más ante
las exigencias de la sociedad civil en los países
desarrollados. Hoy implica que una empresa debe tener
trato limpio con los consumidores y buen comportamiento
con sus empleados, cuidar el medio ambiente, comportarse
con toda corrección en los países en desarrollo
e involucrarse activamente en programas a favor de la
comunidad y de la ciudad donde opera. Estos comportamientos
comienzan a ser premiados y castigados por la sociedad
y los consumidores. Hay un reclamo social en aumento por
empresas más éticas.
América latina tiene graves problemas en este campo.
Junto a la conocida corrupción en sectores públicos,
son numerosos los casos de corrupción corporativa.
La idea de responsabilidad social empresarial está
en diversos países en un estadio primario. Hay
que promoverla activamente y la gran discusión
ética pendiente sobre la economía y la gerencia
necesarias para nuestras sociedades debe reflejarse activamente
en los currículum universitarios.
No se trata de dictar una materia más que se llame
ética para calmar la conciencia. La enseñanza
de la ética debe transversalizarse. En cada área
temática deben examinarse dilemas e implicancias
éticas. La Argentina en particular debe actuar
enérgicamente en este campo, dados el pasado inmediato
de prácticas corruptas en diversos ámbitos
organizacionales y el intento de casi legitimarlas ante
la sociedad.
En las bases de nuestra civilización, en la Biblia
se halla el mensaje de que la conducta de los seres humanos
debe estar regida en todas sus instancias por la ética.
Se expresa en los diez mandamientos entregados por la
divinidad.
Todo indica que tienen más vigencia que nunca.
Un agudo periodista americano escribió que los
ejecutivos de Enron los conocían, pero los consideraron
"las 10 sugerencias". En la Argentina y América
latina hay que afirmar los valores éticos más
que nunca como reglas de vida imprescindibles para el
desarrollo, la democracia, la convivencia y la plenitud
personal.
Por Bernardo Kliksberg / Para LA NACION
El autor dirige la Iniciativa Interamericana de Capital
Social, Etica y Desarrollo y preside la cátedra
de honor de Gerencia Social para el Desarrollo Humano
en UBA/FCE-PNUD.
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