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Entrevista
a Cristina García-Orcoyen*
Los consumidores
españoles no tienen conciencia medioambiental
* Directora de la Fundación
Entorno. La importancia de un Observatorio. Compatibilidad
entre el desarrollo económico y la protección
del medioambiente. Eficiencia energética. La importancia
de las pymes.
¿Por qué surgió la idea de crear
la Fundación Entorno y cuáles han sido sus
principales promotores?
La Fundación surge hace once años a partir
de que un grupo importante de empresas públicas
españolas tuvieran una atención más
enfocada a sus efectos medio ambientales. Posteriormente,
la fundación ha ido evolucionando, se han añadido
empresas que le han dado más actividad, dinamismo
y variedad en los temas. Hasta el momento, tenemos veinte
empresas colaboradoras de todas los ámbitos, entre
ellas Eroski, Ferrovial, Gas Natural, Acciona, etc., y
trabajamos con un gran número de pymes.
La sostenibilidad es otro de los objetivos básicos
de la Fundación, hasta el punto de que tiene un
Observatorio para tal efecto. ¿Por qué es
tan importante?
Al conservar los recursos naturales podremos mantener
un cierto nivel de desarrollo económico. El modelo
de desarrollo que ha servido a Europa o EEUU no va a servir
a los países en vías en desarrollo. Hay
que cambiar los modelos, de manera que haya para todos,
que se mantenga la biodiversidad de la que tan poco se
habla. Para que siga habiendo recursos, hay que trabajar
con toda sociedad. Asimismo, tenemos un foro sobre construcción
sostenible. No es tanto que el ciudadano regule la calefacción
de sus casas o encienda la luz sólo cuando haga
falta, que está muy bien, sino que pensamos que
la construcción de las casas tiene que ser energéticamente
más eficiente. Hay que trabajar con promotores,
constructores, con quien vende la casa al ciudadano.
¿Qué conclusiones principales ha extraído
el Observatorio?
La empresa española evoluciona favorablemente hacia
posiciones más modernas en el ámbito medioambiental,
y se ha frenado el incumplimiento de la legislación.
Hace 10 años incumplían sistemáticamente
la legislación medioambiental. Hoy en día
no es así, aunque todavía se incumple en
muchos sitios, en las pymes más todavía,
probablemente. Habría que dar un nuevo paso: implicar
al consumidor. La empresa sirve a un mercado regulado
por las administraciones públicas, pero se debe
a lo que los consumidores piden. Sin embargo, los consumidores
españoles no piden con suficiente claridad productos
ambientalmente correctos, ni llevan un modo de vida consciente
de los temas medioambientales. Cuando una persona se compra
un coche, no hay que preocuparse tanto por la potencia,
sino por cómo se ha construido, si las piezas son
reciclables o qué emisiones contaminantes tiene.
¿Hacia dónde quiere caminar la Fundación
de cara al futuro?
Seguir trabajando intensamente como hasta ahora e incorporar
otras 100 pymes para el año que viene, porque quiero
crear una importante plataforma muy dinámica y
concienciada, que no existe en este momento en España,
con la colaboración de las cámaras de comercio,
asociaciones empresariales y comunidades autónomas.
Uno de los objetivos de la Fundación es hacer
compatible el desarrollo económico con la protección
del medio ambiente. ¿Hasta qué punto la
realidad lo permite?
Las empresas con las que trabajamos son líderes
en el mercado y en los aspectos medioambientales y de
Responsabilidad Social Corporativa (RSC), lo cual quiere
decir que estar en primera línea en los aspectos
medioambientales no les ha supuesto una barrera, sino
una ventaja competitiva. Les ha ayudado a tener enfoques
estratégicos de futuro; han visto lo que el consumidor
va a pedir en el futuro y se lo han dado. Medio ambiente,
RSC y negocio van muy unidos. No conozco un solo caso
de empresario que por cumplir con el medio ambiente e
ir más allá incluso, adoptando voluntariamente
más medidas medioambientales, haya fracasado o
gane menos dinero.
¿Cuáles son las líneas de trabajo
de la Fundación que mejor acogida tienen?
Entre las grandes empresas, las memorias o los informes
de sostenibilidad. Aunque sólo hay en España
48 ó 49 empresas que los hacen, de esas al menos
20 trabajan con la Fundación. La intención
de las empresas de abordar este tema no deja de crecer,
también en las pymes. La Fundación, el BBVA
e Iberdrola han publicado una guía de implantación
de memorias de sostenibilidad para pymes que desmitifica
lo que es hacer esa memoria, puesto que se cree que es
una cosa complicadísima cuando no lo es. Y seguimos
siendo muy activos en formación: tenemos por ejemplo
un campus empresarial con la Generalitat Valenciana, con
más de 20 cursos distintos a lo largo de todo el
año. La formación también la hacemos
a requerimiento de las empresas y en ese sentido hay empresas
como el BBVA, Iberia, o Endesa, con las que trabajamos
con éxito. Y luego estamos muy involucrados en
los temas de eficiencia energética. Aunque la Administración
ha lanzado un programa de ahorro y eficiencia energética
muy completo, no viene mal el apoyo de organizaciones
como la nuestra.
¿Cómo pueden las empresas conseguir la
tan ansiada eficiencia energética?
Por cuestiones de coste, las empresas son eficientes en
todo lo que pueden. Todavía hay margen de mejora
mediante la innovación y la aplicación de
nuevos diseños y productos, que es en lo que trabajamos.
¿Cree que las empresas tienen carencias formativas
en el aspecto medio ambiental?
El 60% de las empresas españolas dice que una de
las barreras y por eso le damos tanta importancia. En
la Comunidad Valenciana, donde más intensamente
hemos trabajado, se nota mucho. En otros lugares como
el País Vasco, donde estuve hace poco presentando
programas en la Cámara de Comercio de Bilbao, observé
también mucho interés.
¿Tienen las empresas interiorizado el respeto y
mejora del medio ambiente?
Las que se han visto abocadas por la presión de
la ley, desde hace 15 años, grandes multinacionales,
cementeras, químicas, empresas de productos eléctricos
y electrónicos, etc. sí están concienciadas,
tienen departamentos muy potentes de medio ambiente y
ahora de RSC, y respetan la ley y la mayoría toma
decisiones voluntarias. Una gran empresa sabe que si contamina,
si incumple la ley, si pone en peligro a la población,
se le caerá el pelo. Ahí el consumidor sí
es implacable, inmediatamente discrimina a esa empresa
y no compra sus productos. Hablamos también mucho
de la contaminación de la industria, pero no hablamos
de la contaminación de la agricultura y la ganadería,
¿qué pasa por ejemplo con los residuos de
las granjas de cerdos, o de las avícolas? Por otra
parte, una pyme que no siente el ojo de la inspección
o el ojo público tan cercano puede ser más
contaminante, y muchas pequeñas pueden contaminar
mucho. Por ello, en las pymes, que en España cubren
un espectro muy amplio, hay mucho que hacer. Aquí
la gran empresa tiene también que ayudar, por ejemplo,
poniendo en contacto a organizaciones como la Fundación
Entorno con sus proveedores y contratistas, porque es
la manera más fácil de llegar a las pymes.
La pyme es por lo tanto clave para la protección
del medio ambiente
Tenemos un programa pyme que acabamos de lanzar
hace un par de meses y que tiene ya unas 75-80 pymes inscritas.
Ofrece formación continua a técnicos y directivos,
información sobre legislación ambiental
y propuestas legislativas en curso tanto a nivel nacional
como en la UE para conocer de antemano los asuntos de
interés que se están cociendo,
información sobre jornadas, eventos, ejemplos de
pymes y de otras empresas de todo el mundo que han tenido
resultados muy positivos tanto económicos como
en su reputación, etc. Una de las principales barreras
que muestra la pyme es, aparte de las económicas,
la falta de personal y tiempo, y nosotros se lo intentamos
dar. Cualquier pyme puede acceder entrando en el programa
de asociados que supone el pago de 1.000 euros al año.
¿Qué países están más
y menos concienciados?
Los países del Norte de Europa son los más
concienciados, pero también es verdad que Alemania,
Italia y Francia, en cuestión de opinión
publica, están por delante de España. Un
estudio reciente de la Fundación Entorno y otros
informes que no son nuestros dicen que los consumidores
españoles están muy poco o mal informados
de las características ambientales de los productos
que compran, y que en su decisión de compra influyen
poco o nada esos aspectos. Falta la labor de las administraciones
públicas, que deberían hacer más
esfuerzo de información y concienciación
del ciudadano: léase las etiquetas de los productos
que compra, entérese de cómo están
hechos, de si tiene algún distintivo que ofrece
garantías medioambientales. Por ejemplo, las ecoetiquetas
Ángel Azul de Alemania han tenido una
difusión inmensa. Cuando la gente ve esa etiqueta
en un producto sabe que es más correcto medioambientalmente
que otros que no lo llevan y lo compran.
¿Cómo se convence a una empresa que contamina
de que se trata de una decisión equivocada para
sus intereses?
Con un sistema de inspección y de sanción
muy rígido y exigente. A aquellos que incumplan
la ley, que se les caiga el pelo y que se haga publicidad
de ello. Y luego, explicarle que si no la cumple, su negocio
además, a medio y largo plazo, seguramente desaparecerá
porque está teniendo una actitud obsoleta, muy
cutre. Por otro lado, aquellas que cumplen con la
legislación porque no tienen más remedio,
pero no ven una oportunidad de negocio, son nuestro objetivo.
Se puede hacer dinero e incluso ganar más no sólo
cumpliendo la ley sino también tomando decisiones
voluntarias. La incorporación del sistema de gestión
ambiental es lo primero que deben hacer y luego avanzar
hacia análisis de su entorno y actividades, y realizar
una memoria de sostenibilidad dependiendo de las características
de la empresa.
(Consumer)
Noviembre de 2005
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