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Artículo
Poniendo orden al exceso de
normas y guías de RSE
Reproducimos un artículo de Josep Maria Canyelles,
promotor de la iniciativa Responsabilidad Global, que
apuesta por avanzar hacia la convergencia de modelos de
RSE y evitar que, como ahora, haya hasta 300 propuestas
diversas.
Josep Maria Canyelles / Responsabilidad Global (*) (08/10/2006)
En el tiempo relativamente breve en qué la Responsabilidad
Social de las Empresas ha entrado en escena y ha adquirido
carta de ciudadanía entre los modelos, marcos o
enfoques de gestión, han aparecido multitud de
normas, guías, iniciativas, marcos de reporting,
que han llegado a provocar una cierta confusión.
La proliferación es natural y debe ser bienvenida
porque no deja de ser una señal del interés
que la RSE merece y del esfuerzo de búsqueda, experimentación
y adecuación que se hace por encontrar las fórmulas
y codificaciones más adecuadas a cada realidad
y sector.
Aún así, si queremos avanzar hacia una etapa
de mayor consolidación y maduración hará
falta superar esta gran diversidad por la vía de
una cierta convergencia o bien forzando una cierta selección
natural, puesto que más de 300 propuestas vigentes
no aportan la riqueza de la diversidad sino la dificultad
de poder establecer un marco de comparabilidad que permita
poner en valor unas políticas y prácticas
e impactos que sean de alguna manera codificables.
Además, supone una dificultad objetiva que cada
vez es más relevante en la expansión de
la RSE entre un número más gran de empresas.
Entre las infinitas divisiones que se pueden hacer a la
realidad empresarial, destacamos ahora la distinción
entre aquellas que optan por un sentido estratégico
de la RSC, aquellas que se limitan a cubrir una necesidad,
y finalmente aquellas para las cuales la RSE todavía
no es un concepto que merezca su atención o ante
el cual se limitan a observar y estar a la expectativa.
En el primer caso, las que optan por una RSE que toma
una forma central en su modelo de negocio, van un paso
por delante, quieren ejercer un liderazgo, ganar una ventaja
competitiva, y se pueden permitir ser propositivos, sumarse
a fomentar nuevas iniciativas.
En el caso segundo, aquellas empresas que disponen de
unas políticas de RSE sin mayor convicción
que la necesaria, la necesidad de una clarificación
y sencillez es básica más poder encontrar
sus estándars más adecuados y su equilibrio
o posicionamiento en el resto del sector.
Finalmente, para aquellas que todavía se lo miran
desde fuera, el exceso de diversidad es visto y usado
como un argumento a favor de mantener sus reservas y los
permite conformar una opinión centrada en la poca
claridad del marco conceptual y el sentido de la formalización
de la RSE.
Además, también es presente un juego de
intereses y visiones que pueden ser confrontados:
Para una visión de empresas más bien reticentes
a un progreso relevante del RSE en la sociedad y en el
mercado, ya les puede convenir un estado como el actual
en el que no hay el menor asomo de exigibilidad.
Para algunas partes interesadas de carácter social,
esta situación les puede llevar a reclamar por
parte de los poderes públicos una obligatoriedad
centrada en un modelo único y común.
Para las grandes consultoras, interesadas en hacer implantaciones
masivamente, puede suceder que les interese un marco de
mayor exigibilidad, incluso por la vía de la normativa
pública, que acabe beneficiando sus intereses particulares.
Por esto, planteamos cinco ideas o cuestiones:
Ante el riesgo de que el sector público quiera
intervenir en exceso para regular el sector, hace falta
acentuar la capacidad de autorregulación. Pero
autorregularse no es tan sólo dejar hacer
No es defendible con firmeza la autorregulación
si no hay capacidad de ejercerla de manera responsable,
pensando el sector desde el propio sector.
Los consultores deberemos coordinar mejor nuestras acciones
y sumar esfuerzos colaborativos para ayudar al propio
mercado a conformarse de forma que acabe aportando el
mejor valor para todas las partes. Si una empresa recibe
opiniones divergentes por parte de dos consultores los
perjudicados no serán estos dos sino la misma RSE.
La aparición de una nueva versión del GRI,
mejorando la que ya se ha ido conformando como el marco
de reporting más prestigiado a nivel global, es
un hecho que hace falta saludar con gran satisfacción,
porque demuestra que con una gobernanza excelente y multilateral
se puede abordar un marco que se vaya poniendo al día
y encuentre el equilibrio necesario en cada momento para
las diferentes partes. Si una administración pública
definiera un estándar es probable que sufriera
el riesgo de enquistarse y enmohecerse.
Un marco de reporting no se excluye con otras iniciativas,
normas y modelos de carácter sectorial, de forma
que en absoluto renegaremos de las novedades per sí
que haría falta pedirles qué marco de complementariedad
y qué mejorar aportan, qué diferencias sustanciales
respecto a las anteriores, y por qué motivos no
ha sido posible una acción conjunta de evolución
de marcos existentes.
Tampoco creemos que el exceso de diversidad se deba resolver
con una ISO. Respecto a la futura aparición de
la norma ISO 26000, no queremos desdeñarla pero,
a parte de que posiblemente no recogerá tan diáfanamente
un sentido de compromiso, puede profundizar en un riesgo
real: acabar reduciendo la complejidad inherente de la
RSE a una norma a partir de la cual una empresa podrá
mostrar su acumulación de sellos (calidad, medio
ambiente, salud y seguridad
¡y RSE!) y quizás
sea puntuable en concursos públicos. Pero si éste
acaba siéndole final de trayecto no sabemos si
habrá valido la pena
En todo caso, por lo que hace falta velar es por disminuir
los costes de comprensión (facilitar la elección
por parte de la empresa y clarificar el compromiso de
cara al público), buscar la máxima integración
a los sistemas de gestión e indicadores de la empresa,
garantizar la máxima comparabilidad al a vez que
adecuación al sector empresarial.
Octubre de 2006
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